Cada silencio cuenta en las hojas
que robó el tiempo.
LONANPARK
Diversión de las palabras
domingo 4 de marzo de 2012
miércoles 29 de febrero de 2012
Letras submarinas
Letras submarinas,
intensidad divina,
hojas desgastadas,
vacío entre comillas.
Suspenso tensión,
regalos de amor,
cambio de página,
voz entrecortada.
intensidad divina,
hojas desgastadas,
vacío entre comillas.
Suspenso tensión,
regalos de amor,
cambio de página,
voz entrecortada.
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martes 21 de febrero de 2012
Sombrero
Sombrero qué camino sigues,
izquierda al sol,
derecha al amor.
cándida luz,
ala sorprendida,
viento intruso
despeina la vida.
izquierda al sol,
derecha al amor.
cándida luz,
ala sorprendida,
viento intruso
despeina la vida.
sábado 11 de febrero de 2012
Escritorio misterioso
Tocaron el citófono, era el encargado de la casa de subastas.
Mi amigo James tomaba su café que compró al frente del departamento en el “Costa Café”.
-Adelante, por acá por favor.
-Estos jarrones son realmente valiosos, le puede sacar buen precio.
-La cama realmente no vale nada, desvencijada, la madera no es de lo mejor…
¿Y el escritorio?, pregunté
-Déjeme verlo, se agachó, lo inspeccionó detalladamente, pasó la mano por la superficie. “Este escritorio está con termitas, imposible llevarlo”.
-Que lástima, pensé que podíamos sacarle un buen precio…
-He visto todo lo que tenía que revisar, le haré llegar nuestra propuesta y le avisaré para que pase por nuestras oficinas.
Me quedé decepcionado, el escritorio era mi carta de suerte y ahora veo que no vale nada, tendré que tirarlo a la basura.
Mientras pasaban los días, más miraba el escritorio y me traía los recuerdos de verlo sentado leyendo, con su lupa mirando el atlas o las revistas de comics. Él era un hombre con sentido del humor, respetuoso, gentil, espigado, ojos azules, siempre vestía en forma conservadora, a pesar que sus intereses eran infinitos: lectura, cine, campo, animales, pesca, tenis, golf y ahora último había descubierto la computación. Mi abuelo era un excéntrico de todos los tiempos…
Lo Revisé, era una pieza única. Fino de una madera de nogal no muy oscura, y los cajones de las esquinas, tallados con una estrella. Abrí el del lado izquierdo pero se me atascó. Traté de cerrarlo, lo aprisioné. Nada. Lo saqué por completo. Me agache, mi cuello estaba totalmente prendido, me costó encorvarme. A pesar del Pilates que hago estoy tieso.
-Bueno, ¿y que había en el fondo?, Preguntó James
-No lo vas a creer
-¿Qué?
-Eran dos paquetes muy bien envueltos.
-¿Y de qué color era el papel donde estaban envueltos?
-Era amarillo, papel de seda amarillo
-¿Papel de seda y amarillo?
-Bien extraño.
-Al sacarlo noté lo pesado.
-¿Muy pesado?
-Mucho. Como una piedra
-Cuenta por favor que más…
Me dio pena romper ese papel tan fino, sentí la tersura y suavidad. Además el color amarillo fuerte me destellaba.
Me encontré con un huevo con una superficie labrada en formas simétricas y todo en oro, además de incrustaciones de zafiros y diamantes.
-Eran dos huevos grandes, azulosos, maravillosos, pesados. El peso no mitigaba su belleza.
-Has sido el único que le ha tendido la mano a tu abuelo y él te retribuye así. Replica James.
No lo miro por el lado material, yo tengo bastante. Creo que él fue un hombre práctico y qué mejor que dejar los valores en la familia ¿no crees?
Como era su único nieto en Londres, tuve que hacerme cargo del funeral y liquidar su patrimonio. Llamé a una casa de subastas y me hicieron un estimado de las cosas más valiosas. Se llevaron la mayor parte de las antigüedades, jarrones, cuchillerías de plata, porcelana, etc., pero al llegar al escritorio, me dieron un rotundo” esto no vale nada, tiene termitas”. El hombre con su “tablet” en mano, anotó los detalles.
Abrí las cortinas, la pieza de mi abuelo hedía a humedad. Tantos años en soledad dejaron ese olor a humanidad divina, con mezcla a cuerpo, toxinas y envejecimiento. Su cama era muy grande. La habían traído desde Escocia. Además, un armario de caoba. No pudieron subir el armario por la angosta escala de la casa convertida en departamento. Eran tres pisos más el subterráneo. Por la escala pasaba una persona topándose el hombro. Contrataron una grúa para subir el armario, la cama, los muebles y el escritorio.
Mi abuelo había estado por muchos años en el 24 de Alderney Street. Desde su llegada de Escocia, le faltó el campo y la pesca, que era su afición favorita. Londres luego se convirtió en su ciudad amiga.
Todos los días, cruzaba la calle rumbo al Pub de la esquina. Su cerveza cotidiana era su única compañía junto a los amigos del bar que lo conocían por más de dos décadas. Luego de salir del Pub se iba directo al cementerio cerca de su departamento, donde sus abuelos descansaban. Tenía un césped maravilloso entre cada tumba. Él caminaba por el cementerio como si fuera Hyde Park. Al salir por la otra calle que daba a la estación del metro, compraba el diario y volvía a casa a comer su poca variada dieta: sopa de pollo con papas y un vaso de vino tinto. De postre una manzana y, luego, a leer en su sillón.
En la esquina del gran salón del departamento, adornado con cortinas color mostaza, mirando los jardines del parque, su escritorio de nogal, victoriano, lo esperaba con su correspondencia, las fotos de sus hijos, lápices de colores y el más fino y delicado papel de carta estampado con su dirección. Su colección de estampillas era gigante, tenía de todo el mundo y sus amigos le proporcionaban las pocas que en estos tiempos se podían encontrar.
Cuidadosamente, abrió el cajón de su escritorio, estiró su brazo y en la parte posterior una compuerta secreta se desplegó. Aparecieron dos huevos “Fabergé” que le había regalado su tío Alfred. El tío Alfred le decía: -“cuando estés en problemas económicos, te acordarás de mí. Si necesitas echar mano a algún dinero, siempre tendrás en estos huevos tu alivio”-. -Y así fue que mi abuelo no los necesitó para él-. Pero cuando entré a su casa, el día de su fallecimiento, y encontré una carta donde me expresaba categóricamente que nunca me deshiciera del escritorio. Yo no le hallé sentido. Mi abuelo subrayo varias veces la palabra “escritorio”, decía: recuerda, ni en las peores circunstancias de tu vida dejes este escritorio en manos extrañas. Te explicaré porqué. El cajón a mano izquierda de la ventana que está marcado con una estrella tallada; en ese cajón al abrirlo y sacarlo completamente, encontrarás una compuerta que al toque se abrirá y ahí obtendrás el alivio de todas tus perezas, indecisiones y malos negocios. La respuesta a tus incertidumbres podrán ser paliadas por algún tiempo. -No te olvides, que la vida no repita oportunidades-. Yo te la doy, pero alguien te la puede quitar. La carta continúa: “adelante saca el cajón y toca la compuerta; anda a mi Pub favorito y toma una cerveza en nombre del buen juicio. Felicidades.
Después de escuchar atentamente la fascinante historia, comenta James, me queda una duda:
-¿Qué son los huevos “Fabergé”?...
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escritorio,
fabergé,
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martes 7 de febrero de 2012
Charles Dickens Museum
History of the museum

48 Doughty Street was an important place in the Charles Dickens's life where he lived from 1837 until 1839. He described it as "my house in town".
Two of his daughters were born here, his sister-in-law Mary died aged 17 and some of his best-loved novels were written here, including Oliver Twist and Nicholas Nickleby. However Dickens required more space for his growing family and moved to 1 Devonshire Terrace in 1839. The house remained a residential property, but was threatened with demolition in 1823, when the Dickens Fellowship acquired it. The Museum was opened in 1925 and has become theworld’s finest Dickens-related collection.
BBC News - Charles Dickens: National Library of Wales has writer's cheque
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miércoles 1 de febrero de 2012
OLAS EN LA PISCINA
-Cuando te presiento, entras y llenas mi corazón; Me renueva la esperanza, como el último día, que el destino nos recortó el tiempo. Sé que nada será igual; sólo una estela nos regala la unión. Y en la noche, ese soplo del viento por la terraza, arrastrando las hojas a la piscina. Ayer me preguntaste por qué no he cortado el pasto. Después de ti, un jardinero tiene ese trabajo. –“No será peligroso tener a éste extraño en la casa”. La cortina de la habitación se movió. -¿Estás ahí?, no te vayas.
En su calendario marco el 13 de noviembre, y el reloj se detuvo a las 13:00 hrs., era un domingo lluvioso cuando apareció de la mano de mi padre; lo sentí desde el corredor, un olor a jazmín llenó la habitación de ternura, y una lágrima iluminó mi mejilla, tantos años recordando su cara, se fue en un suspiro, y hoy tú mi querido amigo, has brindado la felicidad más grande de mi vida. Como a mí, recubrirás de historias a otras vidas en mil formas.
Cerca de la piscina, sí, ahí lo veo todos los días. La lluvia arrastrando el calor de un chocolate caliente; desde mi ventana, observo como hace olas. Las olas, me dijo: “Te las regalo para que sientas que estoy presente”. “No olvides que aunque el alma suspira, la leyenda del pasado nos retiene y no permite más recuerdos que los que son velados”.
Todos los días sentada en mi escritorio, un trabajo agotador, atendiendo público, tanto impertinente, antipático y maniático que Dios creó. -Ufff, insoportable-. Si no hay cosa más horrorosa que el estúpido que llega con cara de sueño, los pantalones deslizándose bajo la panza y haciéndose el conquistador a las nueve de la mañana. Además, de tener una cara horrible, es mal educado el pobre y su cuenta corriente arroja debe…
Me he tenido que tragar a cuanto jefe ordinario, pidiendo bebidas de fantasía. -Cómo no van a ser de fantasía, si tienen puro colorante, la naranja no ha pasado ni por la cáscara-. Tiene la manía de comer galletas de chocolate y dejar todo el escritorio lleno de migas. Lidiar con este tipo de gente me pone mi genio de punta…
Todo cambió el día 13 de noviembre, él se presentó; me contó su historia. -No te aflijas, no hay que temer; soy tu amigo y te acompañaré por un tiempo-. Sé que te cambié los cuadros, moví unas lámparas y los portaretratos de la entrada. Además, me molesta que tengan tantos artefactos eléctricos. -Desapareció el saca jugos y el microondas-. “Estos aparatos entorpecen el flujo de buenas apreciaciones”, dijo. Haré mis travesuras, a quién no le gusta divertirse. -Si lo he sentido reír como a nadie-. Ahora, tus amistades no van a presentir absolutamente nada. Mi discreción es irreverente…ja, ja, ja…
Después de unos meses de maravillosa compañía, me acostumbré a las olas en la piscina, los muebles de la terraza guardados en la bodega, la limpieza extrema de las hojas que caen a la piscina. Desde que llegó mi primo, sus visitas se distanciaron. Mi primo es un bufón y es nocturno, llega generalmente a las cinco de la mañana, de puntillas. Yo lo siento, no puedo evitarlo, ya que el piso del pasillo tiene un sector que cruje. Al desayuno, le dejé cereales, fruta y café. Cuando llegué a la casa del trabajo, mi querido primo ojeroso con su tez bronceada, sin expresión en su cara; sólo el ceño fruncido, me reclamo: “Y para qué están la mujeres…si ni siquiera son capaces de hacer un desayuno decente”. -No pude decir nada-. Quién calla otorga… Supe que él volvió a visitarme.
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