domingo, 24 de agosto de 2008

Hyde Park

La poesía ya no se hace eco en Hyde Park. El poeta no tiene tranquilidad para divagar cual será la próxima palabra. Sentado mirando a las masas transitar, el equívoco se hace más presente. Esquivas palabras frente a una turba desatada de turistas mirando gaviotas, patos, ardillas o sólo caminando su aburrimiento, mientras el lago en Hyde Park y el memorial a la "Princesa Diana" está plagado de niños o no tan niños paseando en sus scooters. La "´Princesa del pueblo" está agitada con tanta lengua parlante en los más diversos dialectos. Será ruso, polaco, japonés, no interesa. Es la globalización del alma que hace sus estragos en el turismo ajetreado que al final de cuentas, todos más o menos lo gozamos.