martes, 14 de octubre de 2008

ENCONTRANDO EL INTERMEDIO

Había encontrado marido, después de tanto esperar; no era lo que se había imaginado. Todos esos "habías" se transformaron en rutina, rutina pesada y a veces dolorosa. Que más puedo esperar si todas mis amigas están bien casadas, con buena situación económica, hablando del nuevo auto que se compraron, de las vacaciones maravillosas en una isla paradisíaca: ¿Y YO?

Si la vida de Jane se convirtió en un calvario es poco decirlo.
El tiempo pasaba y su marido indolente y poco atinado no sabía apreciar lo mucho
que ella le había entregado. ¡Que será eso tan maravilloso que me has entregado!
¿Qué crees tú?
- Hemos pasado veinte años juntos y todavía no te das cuenta.
- No todavía no y creo que nunca me daré cuenta
- Creo haber sido y sigo siendo un marido gentil, atento y preocupado de mis hijos y mi familia.
- Y yo, yo no cuento.
- Pero si tienes todo lo que una mujer quisiera: casa propia, auto del año, viajes,
vas al club a jugar golf, tenis, sales con tus amigas, hacen temblar todas las tarjetas de créditos ( que a propósito están copadas ).
- Tú cretino crees que eso es la vida: lo material, las tarjetas, los viajes, el "shopping" y pasearme como la gran dama esposa del Gerente de la empresa más próspera de la región.
- Siento decepcionarte Pedro; que eso no es lo que yo considero vida y matrimonio.
- ¿NO?
- Yo que me saco la m... trabajando para darles todo lo que ustedes necesitan y tu me
vienes con esta versión filosófica del matrimonio.
- No, yo no lo acepto
- Estoy harto de tanto problemas que tú misma te pasas por tu cabeza, siempre pensando mal, siempre juzgando a la gente, siempre de mal humor, cansada, agobiada por ir a dejar a los niños al colegio todos los días. ¿No crees que esos son tus deberes de madre?
- Mis deberes de Madre y que hay de mis derechos como mujer, como alma pensante. ¿Eso no cuenta?
- Creo que este es el cuento de nunca acabar.
- Tú no cambiaras tus hábitos de cansancio crónico y yo no cambiaré mi aburrimiento, como tú me dices; claro me dices que me siento a leer el diario cuando llego del trabajo y ni siquiera te hablo. Bueno, sí, al final es mi error.
- Lo comprendo
- Creo que esto está tocando fondo y lo mejor es que volvamos a empezar, ya nos lavamos la cabeza con todas las recriminaciones.
- Te encuentro toda la razón amorcito.
- Voy abrir una botella de Champagne y celebramos
- ¡Qué buena idea!
- Seguiremos nuestras "disputas" el próximo sábado
- Esta bien
- Una última cosa, sabes tengo la tarjeta copada, me puedes dar unos mil dólares para pagar una cuenta que tengo en la tienda Zara.
La luz se apago, la casa de los Smith se volvió apacible; mañana era otro día en que se encontrarían con lo mismo del día anterior.

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