jueves, 13 de noviembre de 2008

LA MUERTE DE MI PADRE

Era un amanecer rosado, todo en el horizonte cantaba al mar. El olor salino se extendía por toda la ciudad. Un policía en la esquina de la calle, dando la pasada, mano alzada y la congestión termino. El semáforo roto por una piedra que habían tirado jóvenes del anochecer. En el auto, yo, sonriente con tres acompañantes.

Otro semáforo y doblamos a la derecha, para seguir por una inclinado camino, parece que el cerro se venía encima. Un paso de peatones: una joven colegiala doce años parece tener, pelo castaño brillante, recién lavado con los resabios de lo mojado. Desde arriba se contemplaba la magnitud del océano, un buque a lo lejos trayendo lo que todos más deseamos: tecnología,libros(mis favoritos)y ropa. Abrí la ventana del auto para sentir el golpe de la brisa en mi cara, no podía dejar de observar y embellecer mi mirada. Al tratar de subir la ventana ésta se atascó, y una ventolera se apoderó como un huracán en todo el automóvil. Luego que el ventarrón diera su retirada; y me absorbiera una extraña sensación, no sé si de paz, alegría, tranquilidad, todo al unísono en un canto de trompetas a la entrada del ala mayor de la catedral. No comenté a mi familia, que no se perturbaron con el ventarrón.

Algo me habló. Oí su voz. Algo se plasmaba. No da la vida tantas algarabías ante la inmensidad del mar. No da la vida tantas esperanzas de recubrirme de cielo.

A la llegada a nuestro lugar de destino: "Hospital Mar Abierto", bajé lentamente del automóvil. Mi señora y mis hijos a mi lado, me tomaron del brazo. -Les dije: "puedo ir solo". La recepción parecía una tigresa revestida de sirena. Pieza número 13 señor. Llegué a instalarme, dejé mis cosas ordenadamente en el cajón de un estante. Al coloquio familiar y al escuchar las noticias vi que había fallecido el Papa Juan Pablo II, y me entristeció mucho. Unas goteras livianas se desfallecieron en mis ojos. Pasaron unas horas hasta que el médico en jefe de la unidad de gastroenterología, me avisó que me prepararían para la operación. Sí,no escuchan mal: me van a operar. No suelo ser muy religioso, pero me crié en el catolicismo, y me acordé del libro de rezos que mi madre me tenía en mi mesa de noche. Y de ahí de memoria me recordé una oración a la santa preferida de mi madre "Santa Teresa de Lisieux". Le pedí, mientras mi señora y mis hijos con caras aconjogadas, me observaban y cambiaban de conversación a cada momento para mantenerme alejado de malos pensamientos, y me quedé en silencio y recé: "Señora mía protege a mi familia, yo no soy nada en este momento de aflicción, quiero el perdón de todo y a todos lo que con palabras o omisión pude haber herido". A las 16:00 horas del día 13 ya me habían operado. Aquí estoy en un mundo donde muchos pasan antes del viaje final. Mi viaje ha sido plácido no he sufrido mucho. Sí me apena ver abajo, en el retrato del pacífico junto a las docas, mi familia llorando.

Desde acá puedo decirles que todo se ve maravilloso.