martes, 18 de noviembre de 2008

Selva al ataque

Quién no ha vivido la experiencia de estar en la fila del banco, admirando la selva que nos rodea. Selva sin la grandeza de la naturaleza, si no selva humana en el buen sentido de la palabra. Selva de vestimentas. Un hombre en la fila del banco que se sube los pantalones porque su panza se le escapa unos centímetros del cinturón. Otra señora con su bastón, que ya no se ven mucho, con un abrigo azul; zapatos tipo reina de medio tacón, tapillas gastadas, con una suave curvatura de espalda. Su bastón en la ventanilla del cajero. El cajero con cara de susto, "menos mal que tengo la ventanilla que me protege". La señora impaciente contando los billetes cuatro o cinco veces. Uno tratando de acomodar el cuerpo, mirando la publicidad del banco que la sabemos de memoria, sacamos un folleto con las últimas recomendaciones en fondos de inversión; con la crisis dejaremos la plata bajo el colchón. El banco sigue acalorándose, no falta el amigo del guardia que le dice: -"Páseme el chequecito por atrás". La joven universitaria a estómago descubierto con dos tatuajes de "Naruto"; masticando chicle, pelos parados, cara sin haber tocado la bendita agua; en su mundo propio escuchando su "mp3". Y seguimos los cajeros todos con el mismo corte de pelo, su corbata, camisa pura blanca, concentrado para no tener que cometer errores que pagará al fin del día. El jefe atrás en la sala de operaciones. Un ogro que siente el poder en las manos. El jefe soy yo. Cual rey sol. El estado soy yo amiguito....entendiste hijo de p". Las idas al baño son monitoreadas con tiempo. -Señor abandonó su puesto de trabajo por tres minutos-. "inconcebible en una institución como esta". "No sabe que dependemos de los clientes". El clientes es el rey. Que rey ni nada. Todos en el banco irritados. El cajero quiere formar su empresa propia o le han ofrecido irse en un crucero a buscar la aventura de Julio Verne. Esperamos no se le venga encima el mundo en ochenta días. Eso es lo que suele durar un sueño de aventura. Y nosotros seguimos pagando cuentas, hipotecas, y más cuentas: para eso estamos. Un descanso por favor. Nos merecemos alguna baja de interés. La joven sigue masticando su chicle con los sueños que su mundo conquistará y eso nos trae lo más lindo de la juventud. Las ilusiones y los sueños. A pesar de la mochila instalada en nuestro cuerpo, el alma nos grita que el tiempo sin pasión no es tiempo. Descubramos una pequeña locura y adelante. Inventemos nuestro propio sol. Hagamos hoy día lo que nunca se nos pasaría por la cabeza. Un ejemplo: Vamos a sentir el oleaje del mar callados sin interrupción, sólo la brisa en tu cara y el destello del agua. No doy ideas, porque la vulnerabilidad de la mente puede azotar...

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