viernes, 20 de marzo de 2009

ABSORTO VIRTUAL

Nuestro mayor placer, para algunos, es encontrarse con la palabra; en nuestra era es sinónimo de computador. La máquina del tiempo que nos transporta por todas las latitudes, muestra lo desconocido y nos lleva a navegar por los parajes más agrestes y más alegres. No todo es blanco y negro. Los matices de nuestra amiga computacional dan para rendirse a sus pies. Las horas no mueven el puntero. Los días pasan y nosotros absortos por lo virtual. Un breviario de Facebook,Twitter, Myspace y todos los nuevos aparecidos nos llueven en las ventanas virtuales, cual avalancha del Himalayas. Gozamos de la modernidad, tecnología fuente de energía cerebral y sinergia multicultural. El cosmos se quedó chico. Luego alcanzaremos las estrellas con Google Earth, las tomaremos y le pediremos un deseo: ¿Algún día se nos concederá la palabra, el silencio, la mirada terrenal, las caricias, un palmoteo en la espalda, un gracias, un bonjour?, ¿Podremos visitar a nuestros amigos in situ? No es tarde para remediar los años de absorto virtual: busquemos las uvas y no el brebaje. El brebaje lo dejaremos para los niños, que quieren nuestra palabra; no importa si es condensada en la rutina del agotado día. Recuperemos la sonrisa, la magia de las palabras y atendamos los signos de nuestros hijos, padres y amigos alrededor, que en su silencio y ojos tristes nos gritan que es hora de soltar amarras y volver a embarcarnos en la magia de la tierra. En el verde de los árboles, en la marea, las gaviotas, los animales y, principalmente, acariciar el terruño.

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