miércoles, 22 de abril de 2009

La aceituna de la discordia

En la entrada del Hotel, lujoso placer, alfombra roja en la espera. Mientras la puerta giraba y me regalaba su entrada. El personal con gran amabilidad me saluda, y  mi acompañante, galante caballero(por algo es mi marido), me tomaba bajo su brazo; su mirada de aprobación de mi vestido que se movía con la brisa, era más que elocuente. Ya sentados los dos tortolitos en el bar del hotel, con su vista al Pacífico fulgurante, un atardecer que caía en magnitud con espejos resonando los colores rosáceos y anaranjados. Dos copas de champaña, unos pistachos, maní y ¿dónde están las aceitunas? -pregunté, -las traemos enseguida señora. -Si fueran de las verdes, por favor. -Claro, por supuesto, me contesta el atento y "good looking" mesero. Y se preguntarán por qué no puedo resistirme ante las aceitunas verdes. No lo sé, sólo sé que me encantan. Claro que tienen sus propios problemas de estética. Nadie mira, cuando uno está pendiente que no quedo rastro en los dientes, de la carnosa oliva. Mientras retribuimos al mar su majestuosidad, las algas en las rocas agarrando el poco oxígeno que les queda, el mar me lleva; la marea sacude mis pensamientos. De pronto detona una pregunta: ¿Habrá relación en cómo llevamos la aceituna a la boca, con nuestra personalidad? Me quedé mirando con telescopio a todos a mi alrededor, vi como un hombre derramado en la silla, con sus jeans y zapatillas deportivas, hacía un esfuerzo al levantarse para sacar una aceituna, la masticaba por partes, no la engullía a la primera; conversaba y seguía en su proceso, luego se volvía a echar en el sillón. Al dejar el cuesco, casi lo tiró desde su lugar de origen al cenicero. Más allá, otro señor muy compuesto de pantalones claros, camisa a rayas azules, sin ninguna presencia extraña de marketing en su extremo izquierdo o derecho de la camisa; hizo un gesto con su cabeza, se inclinó y le ofreció la aceituna  a su damisela; luego sacó una para él y lentamente se la fue comiendo, el cuesco lo sacó delicadamente. Nada se noto. Todo fue velado.

Podremos sacar conclusiones, que ciertos comportamientos alimento-culturales son una buena fuente para descubrir cómo es o cómo será el trato que su amado le dará en el futuro. ¿Por qué no se arriesgan a comprobarlo?.

Veamos si las prefieren verdes o negras.