jueves, 22 de octubre de 2009

CUARTO PEQUEÑO

En un cuarto pequeño, las cuatro paredes se vienen encima, todo contempla a todo, la mesa de escritorio se convierte de anochecida en una guarida para dejar ropa y otras cosas...las paredes rasgaban lo poco que les queda. En el costado de la habitación una cama pequeña que alberga la soledad del artista plasmando en sus palabras la sinfonía emergente de su raíz multifocal. Tratando de encontrar el ritmo y tono adecuado. La felicidad, la angustia y todos los estados del alma se pasean por el parque de su inflexión. En el mismo cuarto, en la soledad de las paredes, la penitencia de un hombre distraido frente a un televisor de plasma, recién regalado por sus hijos. Unas fotos de su familia en su mesa de noche, su vaso con agua mineral y, lo más importante, un bolso con todos los medicamentos que tiene que tomar desde que la amanecida pone un pie en el cielo. Alguien entra y toca la puerta: -¿Quién será? -Normalmente yo no recibo visitas, sólo de mis antepasados... -Buenos días señor, le traigo una encomienda-. -¿Una encomienda para mí?... -Si para usted viene del extranjero-. Al abrir la caja me encontré con una barra de chocolates "Cadbury", mis favoritos; un CD de Bossa Nova y un reloj "Swatch" en color rojo con negro. No tiene nada que ver con colores políticos, pensé. El remitente era mi sobrina que vive en Inglaterra. La vida tiene reminiscencias que tocan la puerta. Un cuarto entre cuatro paredes hoy recibió un arco iris, aunque pasajero...alegría de las ventanas que hoy se tiñeron de colores y alcanzaron a divisar el mar. Vivo frente al mar y son pocos los días que lo miro...