martes, 24 de agosto de 2010

TREINTA Y TRES ATRAPADOS

Después del terremoto del 27 de febrero pasado, Chile angosta franja de tierra, vuelve a sufrir los estados cambiantes de la tierra. Esta vez treinta y tres mineros están bajo la tierra adorada por los dioses. La tierra proveedora, generosa, iluminada, desértica en sus abrazos, luchadora y fervorosa. La tierra de los sabrosos duraznos, damáscos y arándanos, la tierra que nos produce efervescente regocijo. Esa tierra nos da penas en el tiempo, tristeza que no mide un geólogo, ingeniero o un GPS. Aquí la tierra no fue la causante de la penuria de los mineros atrapados, en este caso las empresas que no contentas con los años de bonanza en los precios del cobre, no escatimaron en el sufrimiento, sacrificio y vida de horrible esfuerzo de la que son víctimas miles de mineros que no tienen voz o no la pueden tener. -¿Buscar culpables?-. Más la tierra no está contenta emanará su fuego sobre los que en sus conciencias llevan el dolor de los familiares, amigos y todo un país rezando por la vuelta a la superficie de treinta y tres hombres que invocan a "San José".