miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿A DÓNDE VAMOS?

Ella atravesó el puente vestía su gabardina amarilla pálida,  le soltó la amarra del cinturón, quedando entrever sus piernas bien torneadas y su fina figura. Su pelo descuidado, brillante, revelando que la vitamina E es tomada todos los días, al igual que el complejo B por si ataca el síndrome premenstrual. A lo lejos, mirando el puente vio que sus pasos habían arrancado más pronto de lo que hubiera querido. "Amor te dejé en un café, con las manos en tu cabeza, sollozando el tiempo que fue". "El café de la paix", recordó el amor que por tres años clandestinamente disfrutaron. "No hay nada de malo en que nos veamos", dijo él. "Por qué no me permites quererte como te lo mereces". "¿Cómo puedo?, tus ataduras no admiten mis pensamientos". -No hubo respuesta-. Ella se paró tomo su cartera Celine y no dio vuelta atrás. Las puerta del café cerraron su corazón.   El "Pont neuf" ha sido su caminata por años, apurada, a veces, almorzando en un pequeño restaurante tailandés en la isla de la Cité.  Los niños jugando en un pequeño parque donde los enamorados descansan su amor. -El auto la esperaba-. "Eres tú, no me sigas". "Súbete y hablaremos". Con los buses y  autos apurando el tráfico, no tuvo otra opción. "Te dije todo, no me gustan las segundas partes, ni menos ser la segunda". "Te fuiste tan rápido que la oportunidad no encontró explicación". "Explicarme qué". "Que en mi maletín te traía los documentos". La cara de ella no puso resistencia, lo miró a los ojos y le sonrió con su timidez..."¿Documentos? ¿De qué  documentos me estás hablando?" Los años que disfrutaron no fueron fáciles, llamadas interrumpidas, comidas sin terminar, largas esperas, correos electrónicos sin respuesta, esperas y más esperas.  Esa es la realidad, la segunda parte de la historia son rosas a las que les quitan las espinas, pero cuando las pones en el florero siempre te encuentras con un pinchazo que te hace repensar.  Estacionó el auto y del asiento posterior tomó  una carpeta  y un paquete pequeño color turquesa pálido amarrado con una rosa blanca.  Te prometí que cuando saliera mi divorcio tú serías la primera en saberlo. ¿Volvemos al café a terminar lo que comenzamos hace tres años? Su ojos de miel lo aproximaron, la música de Anita Baker los acariciaba. ¿A dónde vamos?  Su destello era ante la caja donde el anillo sellaba su palabra.

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