miércoles, 1 de febrero de 2012

OLAS EN LA PISCINA



-Cuando te presiento, entras y  llenas mi corazón; Me renueva la esperanza, como el último día, que el destino nos recortó el tiempo.  Sé que nada será igual; sólo una estela nos regala la unión.  Y en la noche, ese soplo del viento por la terraza, arrastrando las hojas a la piscina.  Ayer me preguntaste por qué no he cortado el pasto.  Después de ti, un jardinero tiene ese trabajo.  –“No será peligroso tener a éste extraño en la casa”.  La cortina de la habitación se movió.  -¿Estás ahí?, no te vayas. 


En su calendario marco el 13 de noviembre, y el reloj se detuvo a las 13:00 hrs., era un domingo lluvioso cuando apareció de la mano de mi padre; lo sentí desde el corredor, un olor a jazmín llenó la habitación de ternura, y una lágrima iluminó mi mejilla, tantos años recordando su cara, se fue en un suspiro, y hoy tú mi querido amigo,  has brindado la felicidad más grande de mi vida.  Como a mí, recubrirás de historias a otras vidas en mil formas.

Cerca de la piscina, sí, ahí lo veo todos los días.  La lluvia arrastrando el calor de un chocolate caliente; desde mi ventana, observo como hace olas.  Las olas, me dijo: “Te las regalo para que sientas que estoy presente”.  “No olvides que aunque el alma suspira, la leyenda del pasado nos retiene y no permite más recuerdos que los que son velados”.

Todos los días sentada en mi escritorio, un trabajo agotador, atendiendo público, tanto impertinente, antipático y maniático que Dios creó.  -Ufff, insoportable-.  Si no hay cosa más horrorosa  que el  estúpido que llega con cara de sueño, los pantalones deslizándose bajo la panza y haciéndose el conquistador a las nueve de la mañana.  Además, de tener una cara horrible, es mal educado el pobre y su cuenta corriente arroja debe…
Me he tenido que tragar a cuanto jefe ordinario, pidiendo bebidas de fantasía.  -Cómo no van a ser de fantasía,  si tienen puro colorante, la naranja no ha pasado ni por la cáscara-.  Tiene la manía de comer galletas de chocolate y dejar todo el escritorio lleno de migas.  Lidiar con este tipo de gente me pone mi genio de punta…

Todo cambió el día 13 de noviembre, él se presentó;  me contó su historia.  -No te aflijas, no hay que temer; soy tu  amigo y te acompañaré por un tiempo-.  Sé que te cambié los cuadros, moví unas lámparas y los portaretratos de la entrada.  Además, me  molesta que tengan tantos artefactos eléctricos. -Desapareció el saca jugos y el microondas-.  “Estos aparatos entorpecen el flujo de buenas apreciaciones”, dijo. Haré mis travesuras, a quién no le  gusta  divertirse.  -Si lo he sentido reír como a nadie-.    Ahora, tus amistades no van a presentir absolutamente nada.  Mi discreción es irreverente…ja, ja, ja…

Después de unos meses de maravillosa compañía, me acostumbré a las olas en la piscina, los muebles de la terraza guardados en la bodega, la limpieza extrema de las hojas que caen a la piscina.  Desde que llegó mi primo,  sus visitas se distanciaron.  Mi primo es un bufón y es nocturno, llega generalmente a las cinco de la mañana, de puntillas.  Yo lo siento, no puedo evitarlo, ya que el piso del pasillo tiene un sector que cruje.  Al desayuno, le dejé cereales, fruta y café.  Cuando llegué a la casa del trabajo, mi querido primo ojeroso con  su tez bronceada, sin expresión en su cara; sólo el ceño fruncido, me reclamo: “Y para qué están la mujeres…si ni siquiera son capaces de hacer un desayuno decente”.  -No pude decir nada-.  Quién calla otorga… Supe que él volvió a visitarme.