miércoles, 12 de junio de 2013

LA HORMA DEL ZAPATO





Miraba a su alrededor pero nada le parecía agradable a sus ojos, esperando más de cuarenta minutos para que lo atendieran en la empresa de celulares, su objetivo se reconstruyó en la mirada a todos los zapatos que habían en ese espacio cuadrado donde, aproximadamente,  cuarenta y cinco personas esperan su turno para devolver su equipo en mal estado o simplemente terminar con el contrato que mensualmente les tiene el presupuesto agotado.  

Tengo que confesar que mi teléfono es mi acompañante de todos los días y  tantas aplicaciones a veces me confunden;  cambiar de una a otra y buscar más, y no termino cuando un amigo me dice “No tienes la última aplicación de sonidos extraños”.  Ahora tengo orquesta de pájaros, me comparo con animales, me río sin parar, bailo en el baño con la música de “Rihanna” y “Chris Brown”. También descubrí los maravillosos  audífonos de “Dr. Dre”, el día que me los puse pensé “son igual a todos”, pero la música, la sinfonía en mi cabeza es alucinante, los disfruto mucho.

Mientras los zapatos que miré con atención durante mi espera en la empresa telefónica eran sorprendentes.   Mi mirada atenta no bajó del piso, hoy en día, hay gusto para todos, unos zapatos con terraplén, altos, bajos, botas, zapatillas: lona, cuero, plástico y probablemente inventen una con fibras de cobre.  El más elegante era el de un hombre alto, de aspecto fornido, con abrigo y sus zapatos muy lustrados que iluminaban con  destellos a los otros zapatos desfilando en la sala.  Los suyos eran fulgurantes, no sólo por la elegancia más bien por su simpleza de estilo, al caminar se vio la prestancia de su buen gusto.  “Sobre gusto no hay nada escrito”, pero un zapato mal trabajado y de  mala calidad  se nota y por eso puede ser que un sencillo estilizado modelo opaque a todos los otros. Será que la horma del zapato, molde con que se confeccionan a medida, dará la forma en que miramos las cosas, los momentos a las personas que están a nuestro alrededor.  No podemos tener un marido, amigos, conocidos a la “horma del zapato”.   El trabajo de molde no resulta sin aventurarse más allá de la sola visión que tenemos de las personas.