viernes, 25 de octubre de 2013

CUIDEMOS A NUESTROS NIÑOS


Como cada día el recreo  los llevaba a tomar el aire esperado que en la sala
de clases está un poco viciado.  Viciado es también el diario vivir de muchos
niños del mundo que sus vidas se ven marcadas por destinos tan diversos y en 
algunos casos aberrantes.

Escuchemos esta conversación:

Niños jugando y corriendo por el patio del colegio, hacen un intermedio y se sientan bajo la sombra de un árbol, cada uno saca lo que trae para comer, una manzana, una pera, comida sana, por lo demás.

                       -Llamaron a mis padres al colegio.
                       -¿Por qué?
                       -No pongo atención en clases y tengo malas notas.
                       -¿Tus padres te pegan?
                       -No, contesta uno de las niños.
                       -A mi tampoco, dice la niña de pelo cobrizo.
                       -Tienen suerte, mi Mamá me da bofetadas en la cara muy fuerte; 
también tengo una herida en la pierna.
                       -Los niños con sus caras delatando los diez años, no pudieron más que
callar y acoger con una mirada enternecedora a su amiga. El recreo ha terminado.

El ajetreo diario reconoce en algunos seres humanos una senda que perturba los pensamientos y produce reacciones insospechadas; hay que respirar profundo y tratar de sosegar el espíritu; ya que los niños no pueden cargar un peso que no les corresponde.  Por muchas preocupaciones, tensiones y obligaciones no podemos permitir el abuso psicológico y físico que aterran la mirada de una generación que viene a vivir un mundo acelerado y programado.  Un espacio vital es conversar y entender la realidad de tantos pequeños que no tienen con quien hablar y digitalizan sus miradas en una pantalla.




                       

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