martes, 12 de agosto de 2014

DESTINO ROBADO, Capítulos 1 y 2


Londres, 16 de octubre de 2012

 La mañana de ese día fue diferente…

El haber visto  a esa niña saltando  rememora instantes arrastrando la profundidad de mi alma.

Mi mano tiembla y me cuesta controlar mis movimientos, es una fuerza extraña…
Mi mano se va directamente a la mejilla izquierda a la altura de la oreja…
La lluvia golpeaba fuerte la ventana y los truenos retumban en mi oído. Ese miércoles no fue igual, al levantarme un escalofrío me recorría el cuerpo, me duché y al afeitarme sentí la hoja de la rasuradora como un cuchillo. La sangre corría en mi cuello y el espejo recorría mi palidez. El tiempo se desvaneció en mi cuerpo.  Y me envuelve una nube que me sacude, trato de tomar algo para no caer al vacío.  Lo único que recuerdo es ese resplandor turquesa. La nube me aspiro.

Veo  lugares que sólo imaginaba y leía en los mapas”.

Un ruido me rompe la cabeza. Aterricé en un sillón de cuero blanco. Quedé atrapado y fui despertando poco a poco, mis manos transpiran. La habitación se remecía como un terremoto, me levanté casi no podía sostenerme;  y una luz  intermitente me encandiló. Es una habitación en la que no recuerdo haber estado antes.  A mi alrededor paredes completamente pintadas en el color del destello. El piso de madera reluciente. Una chimenea dando calor a la habitación. No hay ventanas. La puerta con cuatro cerraduras de bronce. El destello dejó la claridad y me encontré con paredes tapizadas de mi vida,  fotografías desde  mi niñez hasta el día en que me hice el corte en la mejilla. Felicidad, asombro, remordimientos y ese aturdimiento, el cual se da sólo cuando me afeito. 

“Ahí veo a mi madre corriendo.
Mis seis años inquietos;  me caí de un árbol en el jardín de la casa y me azoté la cabeza. El doctor me recomendó reposo y estar vigilante por si tenía algún otro síntoma. Nada pasó”.

Hasta hoy… veo sangre en un río…tierras lejanas.  Me robaron mi destino.








Londres, 1982

El cementerio de “Bunhill fieldses mi jardín.  Nuestro departamento mira a ese maravilloso parque donde el silencio contempla la naturaleza, silbido de los árboles que anunciaban el otoño.  El departamento de puerta roja en Bunhill Row es la felicidad de mis padres. 

Por estar en un barrio londinense inserto en la ciudad financiera, mi vida es singular.  Las luces de los edificios frente al nuestro no duermen.   Los oficinistas raudamente con la mirada perdida se detienen a tomar el diario de la tarde, donde seguramente algún hecho de sangre ronda el país. 

En mi habitación tengo un escritorio mirando a la ventana, me entretengo cuando las gotas de agua de la copiosa lluvia resbalan y una sonora melodía transita por mi mente.  Al no tener hermanos,  mis pensamientos van a la deriva; un gran atlas y un telescopio resplandecen mis horas en solitario.  Después del colegio, voy con mis amigos a pasear por “Bunhill fields”. ¿Quién va a un cementerio a jugar, se preguntarán?  –Yo.- Todos mis amigos tratando de agarrar la pelota que se desliza hasta la tumba de Daniel Defoe,  dos botes y llega a un  orificio y se detiene en otra tumba, un nombre: Eleanor.  Bonito nombre Eleanor. 

Nos  imaginamos a Robinson Crusoe, tantas aventuras en esa isla desierta.   Me quedo aquí horas, registro atentamente si hay alguna grieta nueva en las lápidas y cuento las rosas rojas que son dejadas en la tumba de E. C.

Mis pasajes me atrapan y vuelvo a desconectarme.  Eleanor corriendo con su vestido Azul y un lindo collar de turquesas. 

“Salta, salta, ven vamos a buscar un escondite”  “No tengas miedo, me vuelve a repetir”. 

Mis amigos me hablaron del “fantasma de la cuadra”, no quería ni saber las cosas que ellos observaron.  Lo único que recuerdo es que corre muy rápido y tiene un collar con unos destellos maravillosos. 

Mis ojos enceguecieron por unos instantes y cuando volví a abrirlos, ella había desaparecido.  Me concentré y la vi en los tiempos de la peste negra que azotó a Londres. 

Eleanor regala felicidad, alegre y muy inteligente, además de una belleza sublime.  Siempre usaba el collar de turquesas que le había regalado su abuela.  Su padre un destacado médico, le traspasó la llama social para poder enfrentar la ayuda en casos de emergencia.   

“Cada vez que mi habitación queda a oscuras siento ese escalofrío; me paralizo mirando a los soldados alineados en la repisa”.

Hoy fui a buscarla; y mi intuición me dice que es por algo.
Apareció en una tumba con el nombre de “Alfred Wilkes”
Un manto blanco trasparente la envolvía, emanaba luces azulosas, como que el cielo la arropaba.
Me dijo:
-Leo, mira mi jarrón ¿te gusta? tiene mis iniciales en oro”.
-Ya veo Eleanor, que lindo jarrón, con esas letras lustrosas: E.C.   

"Todas las noches antes de acostarme me tomo un chocolate caliente con un poco de canela.  -Tú debieras hacer lo mismo-.  Las noches se convierten en sueños y viajes placenteros, tus oídos escuchan los pájaros y cantos que reconfortan el amanecer".

Corrió,  salto un pequeño charco;  y se esfumó.
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