domingo, 14 de septiembre de 2014

ANTEOJOS DE SOL, UNA ADICCIÓN




Los días de sol son atrayentes, pero hay días que me gustarían nublados.
La lluvia me encanta y sobre todo cuando pongo mi cara mirando al cielo y esas gotas se deslizan para la maravilla de mi cutis.  Esas gotas me traen felicidad. Muchos días me despierto con angustia; pero ahora último con las vitaminas B que me recetó el médico, me he sentido más animosa.

¿Cuántos pares de anteojos ópticos y de sol tengo?
Tengo cerca de cincuenta y a lo mejor muchos más.
Mis cajones guardan mis adorados y preciados anteojos. Los tengo separados por diseños y colores.
CÉLINE
Cada salida a un centro comercial, al llegar mi mirada busca una óptica.
Por años me he preguntado de dónde nació mi adicción por los anteojos; no es porque tenga problemas oculares serios. Será que me gustará ver el mundo desde otra dimensión y en matices.
Los anteojos de sol, me permiten esconder mis ojos, para que no vean mi expresión cuando alguna impertinencia asoma el horizonte.  Todos me dicen que tengo una mirada fuerte y un poco encandiladora. Lo bueno es que los anteojos de sol me revelan el lado más impenetrable de algunos seres humanos, como los que te hablan y miran al lado o simplemente sus ojos encubren lo contrario a lo relatado.
Ahora mis recuerdos vienen de cuando tenía nueve años, mi madre me ponía mucho bloqueador solar factor 50 (curioso en un país donde los rayos solares son escasos).
Mi madre usaba los anteojos más glamorosos que he visto, todos muy adecuados con su vestimenta.  Eran un accesorio fundamental en su día a día, lo que con los años se fue haciendo moda para mi madre era necesidad en su vestir.

Y ahora con los años, después de hacerme la pregunta de por qué tengo tantos anteojos, me respondo que es una fascinación que me da alegría y seguridad, además que ningún artefacto extraño derramará su vuelo en mis ojos.  Ahora veo el mundo en otra dimensión, claro que muchas veces las aristas se van deformando y lo que veo no es muy agradable de mirar.