domingo, 21 de septiembre de 2014

SOLEDAD



Hay días que la soledad nos sorprende en diferentes momentos de nuestras vidas.  La madre que ve como sus hijos van abandonando la casa, la muerte de algún familiar, una separación, divorcio, o simplemente, porque estamos solos por libre albedrío.  Tantas mujeres, hablaré esta vez de mujeres, que se sienten afortunadas, porque no tienen un marido que las "ahoga" en una marea de críticas. Otras, tristes porque sienten que una vida sin un "compañero" no tiene sentido.  Alguien con quien compartir, los buenos y malos momentos.  Al final, buscamos en nuestra mirada interna lo que más acomoda a nuestra manera de vivir o, mejor dicho, a la costumbre que la vida nos ha determinado.  El destino o como quieran llamarle juega un papel vital.  Tratamos de buscar y mover las piezas del rompecabezas, pero a veces no resulta por ningún lado.  Caemos en una depresión, esa nube negra que no nos deja ver con nitidez nuestra vida; y, cuando nos hemos relajado, viene, repentinamente, un cambio total y decisivo.  Claro, no tenemos como adelantarnos a ese designio. Basta esperar.

Esa madre, que espera con ansias los días festivos para ser visitada por su familia.
Otras no son visitadas; ni siquiera saludadas para el día de su cumpleaños.  Así es la vida, es lo que te tocó, dicen muchos; y es tal vez nuestra vida que está diseñada y tiene que ser vivida en la forma que mejor podamos.  ¿Buscar la felicidad? ¿Buscar al compañero ideal? ¿Hacer un cambio radical en nuestra vida? ¿Mudarnos a una ciudad o país más amigable?...La lista es inacabable, pero no es inagotable la fe profunda, la esperanza, que son los motores de la vida.  La felicidad está aquí, hoy, en este momento.  No será lo que esperábamos, pero es lo que nos tocó vivir.

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