sábado, 4 de octubre de 2014

AMOR EN LA AVENIDA VICTOR HUGO


Avenida Victor Hugo, París.

Dejé todo desde el momento que apareció por esa puerta…
-¿La puedo ayudar?

Su pelo castaño al viento, sentada se veía más linda, ya que contemplaba su escote vigoroso…uff
Traía un vestido vaporoso en tonos beige, naranja y amarillo al estilo “Pucci”.  Sus modales exquisitos, gentil y sexy al mismo tiempo.  Se sacó los anteojos de sol y, vi sus ojos verdes profundos, que escondían un dejo de tristeza.  Se levanta y, su metro ochenta de estatura, me hizo ver unos centímetros más bajo.  Su perfume seguro que era “Guerlain” por la maravillosa fijación que dejó en toda la oficina.

‒Vengo por la propiedad que está a la venta en la Avenida Victor Hugo.
‒Claro, por supuesto, por favor, tome asiento.
Me puse tan nervioso, moví todas las carpetas que tenía a mi alrededor, se me cayeron otras, al fin encontré lo que andaba buscando.
‒Esta propiedad señora es estupenda, está en el barrio más chic de París, además de ser un lugar donde puede respirar y vibrar con el aire de París.
‒Seguro, cuando la podemos visitar, yo estaré sólo tres días en París.

Miré mi agenda; en realidad quería ir ahora mismo a mostrarle  la propiedad, nunca una mujer me había encandilado de esa manera.  Era de esas criaturas maravillosas, frágil, pero fuerte, ojos tristes, pero de gata apasionada…

‒Le parece mañana a las 12:00 hrs.
‒Estupendo, tengo una reunión a las 10:30 am, y será perfecto, ya que la oficina a la cual voy está acá cerca.
‒Quedamos a las 12:00 am, podremos caminar, ya que la propiedad está bastante cerca.
Al irse  me dejó la estela de ese perfume sexy, respiré, respiré, no quería que el aura de magia se esfumara…

La noche se me hizo eterna, no me la podía sacar de la cabeza, la veía en la pantalla del televisor, en el techo, me daba vueltas como trompo en la cama y nada… desperté impaciente.  Pero feliz.  Era mi día.  La miraría, por lo menos, con eso me reconfortaría.  Mi vida amorosa no era de las más placenteras, así que por lo menos, me podía regocijar con la mirada.  Siempre he apreciado la belleza, pero esa belleza que va más allá de las curvas, porte, feminidad.  Me enamoro de ese brillo natural de una mujer atractiva.  Eso que llaman los franceses “allure”. Es un fuego que se apodera y restituye la esperanza en el corazón.  Y, es eso lo que necesito, esperanza; saber que aunque me enamore o a la mejor me obsesione;  traerá una alegría que reconforta mi alma.

El cielo de París estaba nublado y anunciaban algunas lluvias matinales, pero siempre en las calles resuenan las bocinas, los taxis, y la policía con su tan característica sirena.  Me pasee por el barrio, me fui a mi café de siempre, dos expresos al hilo.  No comí mi croissant, hasta el apetito de me había ido.  Conversé con mi amigo Didier, que es el barista, estaba preocupado por su perro, que había sido atropellado la semana pasada, y se recuperaba en la casa de su hermana.  Al salir del café, un viento golpeaba mi cara, era un viento especial, la gente me miraba con una cara especial.  Me pregunté qué tendría mi rostro que por primera vez en años, era observado con atención.  Después, pensé, es el amor a primera vista que tiene consecuencias hasta en la mirada, parece que todo reluce, el esplendor de la mirada a través de una mágica corazonada.

Miré mi reloj, son las 11:45 am, me voy, no quiero llegar tarde.  En la oficina, fui al baño, me arreglé mi corbata, me rocié, muy poco, de mi perfume Chanel platinum, que es bastante agradable, para no parecer demasiado esmerado en mi aspecto.

Las 12:00 hrs., ahí estaba abriendo la puerta, parece que la puerta se quedó en cámara lenta, todo lo vi en esplendor. Buscó mi mirada, fue profunda, sentí una lanza…

‒Veo que es muy puntual.
‒Siempre lo he sido.
‒Usted luce radiante.
‒Gracias, y usted tiene un perfume muy agradable, muy varonil, tengo la impresión que es Chanel.
‒Es una mujer de mundo, Madame, claro, exactamente es Chanel.
‒Mi marido lo usaba.
‒Y ahora usted seguramente, le regaló otro.
‒No, ya no puedo hacerlo.
‒¿Por qué? ‒No quiero ser inoportuno.
‒No, de ninguna manera, quedé viuda hace dos meses.
‒Cuanto lo siento Madame, no quise llevarla por temas tan personales.
‒Es la vida.

Salimos de la oficina, nos topamos mucha gente, pero parece que la vereda era para nosotros, nuestra conversación fluía con una innegable curiosidad, era apasionante.
En pocas cuadras nos habíamos contado nuestros gustos, intereses y pasatiempos.  Teníamos tanto en común.  Le gusta la opera como a mí, fanática de María Callas.

Le encanta la música de Tina Turner, Daft Punk, Brian Ferry, Rhihanna, Julien Clerc y Florence and the Machine.  Al final, podríamos tener las mismas listas en el iPhone.  Y en las aplicaciones, Whatsapp, Spotify, Tunein y las inflantables:  CNN, Bloomberg, Time y Huffpost.  En comidas somos un poco diferentes, le gustan los mariscos y pescados; yo soy más carnívoro, claro que los vinos son un favorito sobre todo la región del Loire y Bordeaux. 

Esas calles dejaron las pisadas insertadas en ese pavimento donde tantas parejas han dejado sus huellas, sus besos, sus abrazos, o solamente la mirada y unas manos apretadas.  El sol acaba de salir, hemos llegado al edificio, a ella le gustó que hubiera una Boulangerie y cafetería en la esquina, además a pocos metros una lavandería. 

‒Estupendo, lo que necesito, y lo más importantes el kiosko de los diarios en la esquina. 
‒Digitamos el código de acceso al departamento, el conserje nos ofrece llevarnos hasta el segundo piso, preferimos ir solos. 
‒Agradable la atmósfera del edificio, y el conserje se ve atento y sonriente, ya partimos bien.
‒Esplendido Madame, creo que le gustará…

Al entrar la gran puerta, en color verde manzana da la bienvenida.  Un hall amplio, con una linda alfombra en rojo oscuro que cubre el corredor, luego aparece el lindo piso de parqué.  A mano izquierda una cocina amplia con vista a un patio interior del edificio.  Luego a mano derecha un amplio living con un gran espejo sobre la chimenea, los ventanales luminosos hacia la calle , el techo con molduras,  unos ángeles plasmando la suntuosa y majestuosa decoración. Cuatro dormitorios y cuatro baños, cada dormitorio con chimenea y su espléndido espejo.

‒He quedado enamorada de este departamento, tiene todo lo que quiero, es luminoso, espacioso, amplio y las dos salas de estar maravillosas. La arquitectura Haussmaniana es espectacular. Me gusta vivir en estilo.
‒Me alegra ver que es de su gusto.  Lo único, que estará disponible dentro de tres semanas.
‒Fantástico, tengo que ir a Londres a arreglar algunos asuntos de la oficina y, tres semanas, será lo adecuado.  Quiero firmar los papeles mañana ¿es posible?
‒Por supuesto, Madame, tendré todo listo para mañana.
‒Nunca me había decidido tan rápido por una propiedad, creo que desde que entré a su oficina, sabía que algo bueno encontraría con ustedes.
‒Me alaga, Madame.  Ha sido un placer poder atender a una mujer tan encantadora.
Cerraron la puerta y bajaron calmadamente por la escala, como si el tiempo se detuviera en esa alfombra carmín, y los pasos dejaran una estela de afinidad.

Ya en la calle, se miraron como dos adolescentes, hubo una nube de silencio.  Ella, lo envolvió con su perfume y lo miró fijamente.  Esos segundos me clavaron más profundamente lo que ya pensaba de ella, que era una mujer fascinante. 

‒Le parece que nos tomemos un café, en el que será mi nuevo barrio…
‒Encantado.

Mientras, la gente compraba la baguette, nosotros seducíamos nuestros labios con la espuma del capuchino.  Nos comimos el cuadrado del chocolate, que venía al costado de la taza, al mismo tiempo.
Y no paramos de mirarnos.  Ella sacó su tarjeta de visita y me la puso suavemente cerca de mi iPhone.

‒¿Tiene algún compromiso esta noche? ‒me dijo.
‒No, realmente, no tengo nada (me dejó sorprendido)
‒Estoy sola en París y creo que es una ciudad para disfrutarla de a dos ¿no lo cree?
‒Creo lo mismo, París es eterna, eterno su cielo, eterna sus calles y no hay que desperdiciar ningún momento que nos regala.
‒Pienso igual.  Lo espero en mi hotel Plaza Athénnée, a las 20:00 hrs., hay una brasserie a la vuelta que me encanta. 

Después de un día increíble, me fui a mi departamento, me saque la chaqueta, me tire en el sofá y me volvieron los recuerdos de una mañana trascendente.  No podía creer que esta mujer maravillosa, una diosa para mí, me hubiera invitado y yo le interesara. (No quiero hacerme tantas ilusiones, pero ¿no vivimos de ilusiones?).

Llegué diez minutos anticipado, la Avenue Montaigne, es majestuosa, y el hotel maravilloso, entraba y salía gente muy glamorosa, era la época de las exhibiciones de moda, y el aire era de modelos, y mujeres espléndidas.  Me regocijé, mientras la esperaba en el lobby del hotel.  Venía con un vestido azul fuerte, ajustado y una pashmina en tonos gris azulado con blanco, tacos altos y un pequeño bolso de noche, se notaba que todo lo que vestía era de diseñador.  Me devolvió el perfume que no me dejaba dormir.  Lo tenía pegado.  Y ahí la veía danzar hacia mí.

Caminamos media cuadra, y entramos a esta pequeña Brasserie, vi mucho mariscos, langostas, ostras y más. Pensé y qué voy a comer.  Pero ella era una mujer de mundo, que para todo tenía una respuesta y un sentido de oportunidad. 

‒Me miró con esos ojos sonrientes: ‒Acá tienen la mejor carne que puedas comer (solo vacas de saler).
‒Si es carne de saler, me dije, cuanto irá salir la cuenta.

Disfrutamos de una velada encantadora.  Me relató toda su historia, su marido era suizo, vivían en Londres por sus negocios, era dueño de una gran empresa farmacéutica, que cotiza en la bolsa de Londres y Nueva York. Al quedar viuda y sin hijos, ha tenido que hacerse cargo del negocio.

‒Yo trabajé un tiempo con mi marido, pero luego puse una tienda de decoraciones en Beauchamp place en Londres.  Ahora la cerré para dedicarme a la empresa.  Claro que no es algo que me guste mucho, lo bueno es que tengo un equipo gerencial estupendo.  En el directorio tengo gente muy competente y creo que todo saldrá bien.
‒Por lo que me cuenta, tiene una vida muy cómoda, claro triste por la pérdida de su marido, pero usted pronto encontrará alguien que la haga feliz.
‒No soy una mujer de buscar, claro que cuando me enamoro y, generalmente, a primera vista, voy con todo.  Soy apasionada y creo que la vida es para vivirla y ser feliz.  La felicidad es poder compartir con el otro los detalles cotidianos, las alegrías, tristezas y todo lo que acarrea esa complicidad en que dos se transforman en uno. Espero no haber sido demasiado franca.
‒No, en absoluto, me gusta su actitud y su honestidad.  Para mi es igual, no soy casado, pero he vivido con varias novias, y no he encontrado la persona adecuada.  En algunas ocasiones todo es perfecto, y luego de un tiempo viene esa monotonía que me aleja.  El sexo no es todo, muy importante, pero, y qué hay de la conversación como la que tenemos hoy aquí los dos.  Dos almas que se pueden topar y encauzar un sentimiento especial ¿No lo crees? (Ya empecé a tutearla).
‒Para mí es igual, yo tengo dinero, posición social, y nada más.  Vivo sola, llego a mi cama sola con mi perrita al lado, despierto sola, me levanto, nadie me dice: ¿buenos días, cómo amaneciste?

De qué me sirve tener tanto poder económico, si tengo que buscar amigos, invitarlos, mendigar de su compañía.  No quiero seguir así.  Estoy en una edad que espero todo de la vida, y eso es atreverme a expresar lo que pienso y lo que quiero.  No quiero más trampas.  Voy por lo que quiero y cuando quiero.
‒Me  impresionó, desde que la vi pensé que usted era una mujer especial.  Hay algo en su mirada, su manera de hablar que cautiva, pero es algo más profundo que llega como una flecha, no es un capricho.  No hay palabras. 
Mi mano la tocó y sentí su fuerza, apriétame con más fuerza, por favor -me dijo.  Debajo de la mesa mi pie encontró el suyo.  La carne se había enfriado; su langosta tenía un aire de tentación.  Llamó al mozo, le pasé mi tarjeta de crédito, pero ella insistió en pagar.  Me rehusé.  Insistió. Al final, ya estábamos en la puerta y, me tomó la mano, se aproximó y rozó mis labios.  Caminamos, la poca distancia hacia el hotel y ya estamos en su maravillosa habitación, un botella de champaña y unas rosas color vainilla y blancas deleitan nuestra noche de amor.

Ya han pasado cuatro meses desde que el departamento en la Avenida Victor Hugo está ocupado.  Ahora soy yo quien vive en él, y ella llega todos los viernes en el Eurostar desde Londres.  Le tengo sus flores favoritas, sus chocolates de “La maison du chocolat”, té de Fauchon.  Salimos a bailar, vamos al cine, a comer, conversamos hasta que caemos en la tentación de vivir nuestra pasión.  Su imperio farmacéutico ha desarrollado grandes avances en la cura de muchas enfermedades.  Tenemos una fundación para la lucha contra el  alzheimer, una para la osteoporosis y el cáncer. Hemos creado varias empresas de ayuda a pequeños empresarios, damos aporte de capital y mejoras en  sus herramientas para el gerenciamiento y marketing.  Podrán darse cuenta que la vida tiene cambios, y qué cambios. Se me olvidaba que tenemos otra perrita le pusimos “Tosca”.










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