miércoles, 8 de octubre de 2014

PASAJES INESPERADOS

"He derramado sentimientos de consuelo en el alma de los desventurados" Zadig o El Destino, Voltaire.  Cap.XVIII



Victoria & Albert Museum



Brompton Oratory














 En un lugar del mundo...
mundo...

-¿Te gustaría ir a Aruba?
-¿Cuándo se casa tu hijo?
-Sí, me encantaría, dicen que es una isla preciosa.
-Se casa el próximo mes.

Mientras el grupo de cinco amigas, en tenidas deportivas, disfrutaban la vista del mar, en el hotel Spa, al cual asisten todos los días a sus clases de hidroterapia.

(Por los parlantes se escuchaba la canción "A song for you" de Donny Hathaway.  Me gusta la versión de Whitney Houston).

Londres en primavera...

"He estado en muchos lugares", dice la letra de la canción, vinieron esos recuerdos, esos pensamientos sueltos, y sentía alguien cantándome la canción. Reconociendo los callejones de la mente, que a veces, son de adoquines, donde el taco del zapato siempre se atasca o, simplemente, nos doblamos el pie. Callejones que nos llevan a un mundo desconocido o, exactamente, al cuál queríamos llegar.  Es el misterio de caminar en lo incierto, la vida misma. Retratando las verdades o desencuentros que a diario se nos presentan.  Venía del Museo Victoria & Alberto, y en la esquina, una mujer sentada en el poste de la luz, afuera de la iglesia. (Está lloviendo fuerte y el viento da vuelta los paraguas). Esa mujer mojada, arropada con unas frazadas, me da una sonrisa cálida.  Me agacho, y le pregunto, qué hace mojándose, porque no se cubre más adentro en el portal de la iglesia ( Brompton Oratory, Knightsbridge); me dice, que le cuesta pararse por su osteoporosis.  La ayudo a levantarse y la dejé adentro de la iglesia; le compré un chocolate caliente con canela y un croissant.  No hablaba, sólo observaba, sus ojos azules, brillaban, luego, me tomó la mano con mucha fuerza, me transmitió piedad, tranquilidad, generosidad, y más que todo alegría.  No le pregunté nada. Salí del Brompton Oratory, el cielo despejado, los árboles frondosos, los buses rojos alegrando la avenida. Doblé por un pequeño pasaje, era muy angosto, con tiendas de antigüedades, sentí una voz a lo lejos, me di vuelta, no había nadie, al llegar a la esquina encontré una calle de adoquines, trastabillé, pero no caí.

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