martes, 7 de octubre de 2014

SPLASH

En la ventana: “Lavado, corte, masaje y peinado por £18.-”.
Me decidí, entré.
‒“Bienvenida al mundo de Splash, adelante por favor”.  Tome asiento, tendrá que esperar, Gianluca su estilista estará con usted en unos minutos.

Me senté cómodamente en un sillón de cuero color naranja, tomé una revista. A mi lado, un joven de unos veintitrés años, pelo castaño, ojos verdes, alto, tecleando su Smartphone.  Me miró de reojo, fue una mirada tímida, de agradable sensación. Luego, llegó su turno, y lo vino a buscar una de las peluqueras, era muy bonita, tenía un cuerpo fino y bien equilibrado, una sonrisa inspiradora.  

Me he preguntado, la magia que produce una mirada con una sonrisa dispuesta, acogedora.  Uno la busca y, pocas veces la encuentra.  Aquí, por lo que veo en este salón Splash la sonrisa es el recibimiento a todo el que cruza el umbral de la puerta.  Hay algo peculiar en Splash, es como entrar a una órbita de colores, y globos cayendo en tu cabeza.  

Miro por la ventana, me evado en mis pensamientos, la gente transita como si fuera el último día de sus vidas.  Turistas mirando el cielo, sacando la foto oportuna.  El Pub en la esquina; que como clásico día viernes, está repleto, la gente sale a la calle a disfrutar; algunos fumando y tomando cerveza.   El letrero “The White Swan” colgando y moviéndose con el viento londinense, un cielo despejado, un azul intenso.  Una pareja, a un costado, con su perro Jack Russell, entre las piernas, festejando el comienzo del fin de semana.

‒Adelante, por favor, mi nombre es Gianluca y la voy atender. 
Gianluca, como buen italiano, es alegre, cálido y muy educado.  Me sentó, me acomodó en la silla y me explicó todo lo que me haría.  Ya mi genio había mejorado, mi autoestima recibía una recompensa, qué más podía pedir.  Sí, lo que pedí fue un expreso y un vaso de agua mineral sin gas.  

Todo en Splash tiene una órbita satelital inexplicable, produce una sensación de evasión maravillosa.  La música es la que me gusta, la gente es estupenda.  El sillón donde me lavaron el pelo es tan cómodo que quería un enjuague eterno; y, para finalizar, un masaje craneal que me dejó viendo estrellas y sintiendo cosas placenteras. 

La conversación con Gianluca es tan amena, que no quería que terminara mi brushing.  Su padre tiene una viña en Italia, una empresa familiar, pero él no quiso seguir los pasos de sus hermanos, se reveló y persiguió su sueño de ser estilista.  Su padre puso el grito en el cielo, pero la Toscana podía vivir sin él.  "Lo que  extraño es la pasta fresca que prepara mi abuela, y esa gran mesa familiar y, al final,   una buena siesta bajo un olivo ver cayendo el atardecer". Es un joven apuesto, pero más que su apariencia, proyecta una belleza interior, un aura de bondad y comprensión.
Me preguntó: ‒ ¿Es casada?
‒No, me estoy divorciando.
‒La vida es complicada ¿no?
‒Hay veces que se complica demasiado, le conté por todo lo que había pasado.
‒Mira, linda, alégrate, estás viva, tienes toda la vida por delante, eres alegre, bonita, inteligente, tienes unos hijos sanos, ¡Una bendición!
Me obsequió su mirada atractivamente confidente, me movió la cabeza, me giró en la silla, y me dijo: “preciosa, tendrás que salir esta  noche de fiesta”
Me levanté, y era otra, un suspiro, la música, el ambiente relajado, esa aroma de coco y jengibre, no podré olvidarlo.  Mi almohada quedó impregnada de la fragancia en mi pelo.

Cuando fui a pagar, me encontré con la sorpresa de un 5% de descuento.
Al despedirme de Gianluca, con un abrazo bien apretado, sentí que la vida había dado una vuelta, la nueva página se escribe hoy…
Crucé a la esquina, aquí estoy en el Pub tomando un vaso de vino blanco y unas aceitunas verdes (italianas). El Jack Russell, me mueve su cola sutilmente.


No hay comentarios: