jueves, 26 de marzo de 2015

IGLESIA DE SAN SULPICIO, PARIS














La Iglesia de San Sulpicio está situada en la plaza que lleva su nombre, y es la segunda iglesia más alta de París, construida en honor a Sulpicio Pio (religioso franco, Obispo de Bourges,  venerado como Santo) la cual en su interior tiene un sistema para la determinación astronómica, diseñado por Henry Sully, astrónomo y relojero inglés.

La iglesia está levantada sobre los cimientos de un antiguo templo románico del siglo XIII, la cual tuvo una serie de transformaciones y ampliaciones.  En 1646 se levantó un nuevo edificio que se demoró un siglo. Un edificio de dos plantas, con una fachada oeste formada por dos filas de elegantes columnas donde la armonía del conjunto sólo la rompen las torres de los extremos, que no son parejas.  La luz llega al interior por amplias ventanas.  A la entrada hay dos conchas que fueron un regalo de la República de Venecia a Francisco I.  En la capilla lateral a la derecha de la puerta de entrada, hay dos obras de Delacroix.

La particularidad de esta iglesia es su gnomon de la meridiana solar,  columna que marca la hora  del día proyectando una sombra en el suelo.  En esa época se necesitaba un sistema para controlar los equinoccios y poder predecir cuándo sería Pascua y, es por esto que, se le encargo al astrónomo inglés Henry Sully que hiciera un sistema adecuado.  Así construyó una línea de latón en el  suelo, paralela a los meridianos de la tierra, que se extendió hasta un obelisco de mármol en la pared (data del 1743) y  que asciende once metros.  Se instaló en la ventana sur un sistema de lentes.  Al medio día del solsticio de invierno (21 de diciembre) la luz del sol pasa por la ventana incidiendo en la línea de latón del suelo del obelisco, y en los equinoccios (21 de marzo y 21 de septiembre) a mediodía la luz toca un plato oval de cobre delante del altar. 
La gran explanada de la plaza de San Sulpicio, construida en la segunda mitad del siglo XVIII, tiene la atrayente fuente de los cuatro obispos, llamados “los oradores sagrados”.


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