miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL INQUILINO, consejos desde un smartphone







Leo tomó sus anteojos de sol y con su vibrante sonrisa salió a conquistar el alma de algún inquilino asustado por tanta mugre que suelta el día a día.

“Yo soy inquilino del tiempo“, se recuerda Leo.  Todos somos inquilinos del tiempo.
Un tiempo abrasivo, un tiempo delicioso, un tiempo contemplador, un tiempo hostigador.  ¿Y cuál buscamos?  Claro, por supuesto, no estamos para sufrir todo el tiempo…

Amor, aprecio, generosidad, voluntad, templanza, ostentación, diversión, reconocimiento…somos inquilinos de nuestra coraza que amarra en una dirección y, muchas veces, se detiene en el número equivocado.

Cuantas veces nos equivocamos de dirección y encontramos un ambiente inhóspito que nos dice que nuestra brújula se equivocó.  Hoy en día no es la brújula de tu instinto, hoy en día es la brújula llamada GPS, de la cuál muchos no pueden escapar.

Escapar de una mala cara, de un tormento, de un jefe mal humorado. 

El inquilino, dice Leo, es como yo, escapé de mi coraza para navegar por mundos desconocidos. Soy feliz, es mi vida, me tocó vivir así.  Me siento en un café, contemplo al mundo pasar, miles de inquilinos regocijando sus ojos, que le dan una señal a su cerebro y lo hacen contemplar sin cuestionamientos en un baño de espuma, en una nube absorta del mundanal ruido, que muestra el paisaje de vida del cuál el escape no es siempre el mejor consejero.

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