martes, 24 de noviembre de 2015

AZAR



Azar, casualidad…
Todos los días al realizar nuestras tareas cotidianas, vamos caminando a un mundo desconocido, con colores, olores, tropezones, saludos, bienvenidas, tristezas.  Un hombre en la esquina recogiendo un colchón, que fue dejado la noche anterior , en el costado de un tacho de basura, su perro lo contempla.  Y,  un carro de supermercado desvencijado, está a la espera de otras cosas que pueden ser útiles, encontradas en el camino de una de las elegantes  calles de un barrio distinguido.  El azar, le tocó a la puerta a un hombre necesitado. Tal vez, ese colchón cobijará a una familia que pasa frio y hambre; pero hoy los provee el azar,  la majestuosa casualidad. 

La casualidad de encontrar un moneda en el suelo, un trébol de cuatro hojas, o una sonrisa, y buenas maneras, en las personas que atienden el banco, hospital, servicios públicos, el abogado y el contador.  Por azar, por casualidad pertenecemos a un entorno envolvente de lo inesperado.  La vida entrelaza caminos, hay que escoger, y la casualidad tocó la puerta en el lugar más extraño, dónde menos pensamos.


Una partícula irónicamente compleja, el azar se transforma en fortuita coincidencia, fragancia escurridiza, que trae consuelo, alegría y nostalgia, y, a veces , nos deja sin habla.  Una trepidante pregunta:  ¿me pasó a mi?  Un consuelo en lo inusual del quehacer diario, que deja de ser coincidencia y se transforma en algo latente, que conspira para hacernos ver lo deseamos ver y no ver lo que no deseamos.

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