jueves, 27 de octubre de 2016

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE SANTIAGO FILSA 2016









Ayer fue un día muy reconfortante en el encuentro con mis lectores  de la La Habitación Inhóspita en el Stand D15 de Editorial Forja, dónde tuve la oportunidad de compartir con niños, jóvenes, adultos y, miles de personas, que en su afán de conocimiento y entretención se dieron cita en esta magnífica fiesta.  Es una fiesta del libro donde convergen las editoriales del país y extranjeras, mostrando su amplio catálogo de libros.

Este año el invitado de honor es México con un pabellón especial.

Mi impresión de ayer es que FILSA 2016 es una cita con la cultura y un gran motor de acceso a la lectura, sobre todo en los niños y adolescentes. Pero el  Centro Cultural de la Estación Mapocho se ve opacado con entornos decadentes y con accesos a los participantes que dejan mucho que desear.  Una Feria de esta relevancia se merece un entorno armónico con el arte y no dejar en un paréntesis a la cultura, no mostrando un lado agradable a los que van con sus familias a visitar un evento de la envergadura de FILSA.  Me pregunto qué pensarán los turistas extranjeros al acceder por una puerta con gente tirada en el suelo, trabajos pendientes cerca de las calzadas, un tráfico que no permite estacionarse ni dejar a las personas que van en taxis.  Al final, un entorno horrible.  Una obra arquitectónica como la Estación Mapocho merece una prolijidad y esmero en realzar su imponente fachada.  La Municipalidad y el Gobierno debieran tomar cartas en el asunto para las Ferias venideras y regalarles a los lectores un salón con naturaleza y esculturas como marco de fondo.














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