Dos páginas y a la cocina




¿Has notado que últimamente a veces te desconcentras al leer un libro largo? Antes podías sentarte, abrirlo y quedarte fascinada leyendo durante horas hasta terminarlo. Ahora, en cambio, avanzas un par de páginas y dejas el libro a un lado; miras el teléfono, contestas un par de mensajes, te levantas, vas a la cocina, te haces un café, vuelves a sentarte con el libro; y a los pocos minutos te desconcentras de nuevo.


Si te pasa, no estás a solas. Hoy pasamos más de tres horas al día frente a una pantalla y apenas media hora leyendo libros. En Francia, más de un tercio de la población ya lee menos de cinco libros al año, y un 13 % no abre ninguno. Leyendo un reportaje reciente de la revista francesa L’Express, entendí que esta falta de foco va mucho más allá de la simple pereza: estamos rediseñando nuestra mente. 

 

A diferencia del habla o de la vista, la lectura no tiene una región propia en el cerebro, sino que funciona creando conexiones neuronales entre distintas zonas. Cuando sustituimos ese esfuerzo por el desplazamiento continuo en la pantalla y las respuestas inmediatas de la web o la inteligencia artificial, ponemos en jaque esas conexiones y arriesgamos capacidades como la empatía y el pensamiento crítico. Porque leer no es solo una cuestión de cableado ni de enterarse de cómo termina una trama; como reflexiona el escritor Amin Maalouf en el artículo, es sumergirse en un mundo aparte, descubrir quiénes son « los otros » y, a través de ellos, preguntarnos quiénes somos nosotros mismos. 


Con las prisas de hoy, resulta tentador pedirle a un chat de inteligencia artificial el resumen de un clásico en lugar de enfrentarse a sus páginas. Pero ante esa comodidad, Maalouf lanza una pregunta que da que pensar: «¿Por qué aceptar en rebajas lo que podemos tener en plenitud?».  


Hace poco, un grupo de investigadores de Oxford, Berkeley y el MIT demostró el precio real de estas rebajas. En un estudio con más de mil doscientas personas, comprobaron que aunque la inteligencia artificial mejora el rendimiento inmediato en lectura y matemáticas, quienes la usan rinden muchísimo peor cuando se les retira la ayuda y, lo más preocupante, se rinden y abandonan con mucha más frecuencia ante la dificultad. El atajo nos da la respuesta rápida, pero nos atrofia la persistencia, que es precisamente la base para aprender cualquier cosa a largo plazo.  


A fuerza de escuchar que TikTok y la tecnología han destruido nuestra atención, nos hemos llenado de lo que la profesora universitaria Sarah-Jane Murray llama «ansiedad frente a la lectura». Vemos un libro grueso en la mesilla de noche y nos intimida antes siquiera de abrirlo. Para reconciliarnos con ellos y perderles el miedo, ella propone quitarle hierro al asunto con una regla muy sencilla: si dejas de creer que necesitas cinco horas seguidas de silencio para leer un libro, y te limitas a leer tres o cuatro páginas al día, habrás leído un millar de páginas al terminar el año.  


Tres o cuatro páginas caben perfectamente en lo que tardamos en tomarnos ese café de la cocina. ¿Te pasa también a ti últimamente que te cuesta concentrarte con las lecturas largas, o tienes algún ritual para proteger tu rato de lectura? Te leo en los comentarios.


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