Tras una conectividad absoluta en un ecosistema que nos mantiene enlazados por redes a cada instante, nos hallamos dependientes y, con frecuencia, obsesionados con revisar nuestras pantallas apenas transcurren algunos segundos o minutos. Esa mano inquieta que no consigue permanecer tranquila ante un móvil cercano. Ese dispositivo que aporta numerosos beneficios a nuestra existencia, aunque también perjuicios en otros ámbitos, nos indicó que ya no funcionaba; que había llegado el momento de dialogar, disfrutar y bailar mientras el suministro eléctrico, después de diez horas, comenzaba a restablecerse.
Fueron episodios que muchos conservarán en su memoria, donde volvimos a contemplarnos mutuamente, a esbozar una sonrisa, a pronunciar palabras de auxilio, y donde la solidaridad se extendió tan ampliamente como la misma nube de la red. Los hospitales, residencias y personas dependientes de electricidad las veinticuatro horas y ciertas fatalidades nos dejaron embargados por la tristeza. Los generadores retomaron su labor en numerosos lugares, y la cuestión sobre los tipos de energía que deberíamos utilizar constituirá un tema de debate para los tiempos actuales. Confiemos en que esta saturación haya abierto un camino para corregir lo que debe implementarse en el futuro con la red eléctrica.
Para quienes se reencontraron en las calles mostrando lo más noble del ser humano, no olvidarán que con una simple radio a pilas pudieron disfrutar de diez horas de sana convivencia. Acabo de adquirir una radio a pilas para mi cocina.

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